viernes, 12 de abril de 2013

Capítulo 8

Un Dragón. Imposible. Cerré y abrí los ojos un par de veces antes de darme cuenta que ese dragón estaba delante de mis narices en carne y hueso, que no era un espejismo.

"Los dragones se extinguieron hace años, antes incluso de que los dioses nos abandonaran, mucho antes.
Los dragones eran las criaturas más bellas que podían existir en Carmel, y controlaban el poder de todos los elementos. Los dragones nadaban bajo el mar, surcaban el cielo con sus potentes alas, eran animales, y expulsaban fuego por la boca. Los dragones más grandes podían llegar a medir más que siete casas juntas. Los dragones eran de distintos colores según su estirpe. Estaba la estirpe de los nobles, en ella las escamas eran rojas como el fuego y se dedicaban a defender su pueblo con dientes y garras. Estaban también los dragones dorados, los sabios. Estos eran los más antiguos de todos debido a su gran sabiduría. Entre todas sus familias se encontraba la poderosa, la imaginativa, la fuerte, la creyente... Había muchas familias, entre las cuales existía un fuerte vínculo que nunca se había roto.
Los dragones han vivido en Arzam desde que el mundo nació. Ellos han visto al planeta nacer y crecer, y ellos lo verán morir. Los dragones no causaban daños a nadie, solo a aquel que intentara romper la paz que existía entre ellos. Arzam estaba lleno de dragones desde sus montañas hasta las costas. Arzam se trataba de una pequeña isla en medio del Mar Salvaje en la que vivían los dragones. Desde Torn se podía ver a los dragones alzar el vuelo, hasta que poco a poco se les dejó de ver. Nadie se dio cuenta al principio, pero poco a poco toda la población pudo ver como día tras día menos dragones se podían ver hasta que llegó un día en el que ninguno alzó el vuelo. Muchos barcos navegaron hasta Arzam para averiguar donde se habían escondido, mas no encontraron nada. Los dragones se habían extinguido sin motivos, sin porqués, habían desaparecido".

Desde entonces no se ha visto un dragón, y ahora mismo teníamos uno delante de nuestras narices. Era grande, muy grande. Tenía las alas enormes y escamas brillantes por todo el cuerpo. Su enorme cola terminaba en punta, y todo su cuerpo era de color dorado, dorado brillante, como el oro. Era de la estirpe de los dragones inteligentes. Su ojo era lo más bonito de todo su cuerpo: tenía una pupila negra, y todo lo demás era amarillo, transmitía sabiduría, tranquilidad y templanza. Tenía también partes de color verde y franjas de distintos colores, pero lo más impresionante era el dolor que se veía en ellos, todo lo que había tenido que sufrir para estar aquí, con nosotros. Pero ese dolor estaba cubierto de una felicidad inmensa, de una alegría contagiosa.

- ¿Vais a dejarme aquí toda la noche? -Dijo con voz cantatina mientras yo estaba absorta en mis pensamientos.

Nyza y yo nos miramos desconcertados, ¿cómo iba a caber un dragón de semejante tamaño en nuestro enano refugio?
Como si hubiera leído nuestros pensamientos (que probablemente lo habría hecho) se transformó en un pequeño snarkel común con su lengua puntiaguda, sus orejas raras y hocico alargado. Sin esperar a que le prestáramos nada de atención nos dijo:

- ¡Llevo 5 años! ¡5 años esperando a qué ambos os abrierais al otro para saber donde estábais! Por fin, por fin lo habéis conseguido.

Ni el muchacho ni yo sabíamos qué hacer, teníamos frente a nuestras narices a la criatura más antigua del mundo cuando debería estar extinguida, pero nos estaba hablando con la mayor naturalidad del mundo.

- No hay tiempo para explicaciones, debo descansar, he hecho un largo trayecto desde Restor a aquí y necesito descansar, pero os cuento la información que vengo a anunciaros.
- Pero, ¿los dragones no os habíais extinguido? - mi curiosidad me impidió mantener la boca cerrada.
- Eso no es lo importante ahora, ahora el protagonista no soy yo, sois vosotros.

Nos contó brevemente que venía de Restor, que allí vivían dos de los cinco chicos, allí vivía el muchacho que dominaba el agua, se llamaba Hods, y también estaba allí la chica que estaba destinada a unirnos (aunque por ahora no había hecho mucho...). Nos contó que debíamos partir de inmediato hacia Restor para reunirnos con ellos y buscar así a la quinta chica. No pudo contarnos muchas más cosas porque nuestros ojos se cerraban debido al cansancio y las emociones del día y él cayó dormido por el cansancio. Esa noche, por una vez tras mucho tiempo, pude dormir en paz.
...

Cuando me desperté ya estaba el sol en todo lo alto, así que era bastante tarde. Recopilé en mi mente todos los datos que conocía del día anterior y salí a volar, salí a dar mi paseo matutino por las alturas. Me asombró la facilidad que tenía ahora al hacer piruetas o levantar el vuelo, seguramente debido al cambio de ayer. Sonreí al recordar ese sentimiento de libertad.
Continué volando y haciendo volteretas en el aire cuando una parte de mí se sintió llamada, como si alguien requiriera la presencua de mi elemento. Alcé el vuelo casi tocando las nubes cuando lo vi, a distancia.
A tojs de distancia vi un remolino de agua, aire, tierra y fuego.
Había llegado el momento, había llegado el momento de reunirnos.

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